El balance provisional de 2026 refleja una de las campañas forestales más graves de los últimos años, con 21 fallecidos, miles de evacuados y una superficie afectada que supera ampliamente la media de la última década.
Los incendios forestales en España han arrasado 279.413 hectáreas durante 2026, una superficie que supera en un 137,2% la media de los últimos diez años. Los datos, recogidos en el balance presentado por Greenpeace este 26 de octubre, revelan además una concentración cada vez mayor de los daños en un reducido número de incendios de dimensiones extremas.
De los 8.767 siniestros registrados este año, solo 47 fueron grandes incendios forestales, pero juntos quemaron 221.742 hectáreas, prácticamente el 80% de toda la superficie afectada.
El informe llega pocos días antes del cierre de la campaña estatal de incendios, previsto para el 31 de octubre, y advierte de que los episodios de mayor gravedad están adquiriendo dimensiones difíciles de controlar incluso para los dispositivos de extinción.
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Los cinco mayores incendios de España en 2026
La campaña ha estado marcada por varios incendios que han superado ampliamente las dimensiones habituales de este tipo de emergencias.
El más grave por extensión fue el de Niebla, en Huelva, con 39.821 hectáreas afectadas, considerado por Greenpeace el mayor incendio forestal registrado en España.
Le siguieron los fuegos de Burgohondo, en Ávila, y La Mierla, en Guadalajara, ambos con superficies superiores a las 30.000 hectáreas.
| Incendio | Provincia | Superficie afectada |
| Niebla | Huelva | 39.821 hectáreas |
| Burgohondo | Ávila | 33.943 hectáreas |
| La Mierla | Guadalajara | 33.078 hectáreas |
| San Martín de Valdeiglesias | Madrid | 18.177 hectáreas |
| Las Peñas de Riglos | Huesca | 16.522 hectáreas |
Los tres primeros incendios superaron las 30.000 hectáreas, una dimensión extraordinaria para emergencias que pueden extenderse durante varios días y afectar simultáneamente a diferentes municipios.
En España, la estadística considera gran incendio forestal aquel que supera las 500 hectáreas. Sin embargo, los grandes incendios de 2026 alcanzaron una superficie media cercana a las 5.000 hectáreas, diez veces ese umbral.
Una campaña con 21 fallecidos y miles de personas evacuadas
Las consecuencias de los incendios no se han limitado a la destrucción de vegetación y espacios naturales.
El balance de protección civil recoge 21 personas fallecidas, 71 heridas y 117.943 personas afectadas por evacuaciones o confinamientos durante la campaña.
Uno de los episodios más trágicos ocurrió en Los Gallardos, Almería, donde un incendio causó 15 víctimas mortales.
La magnitud de las emergencias obligó a reforzar los dispositivos de respuesta y, en determinados momentos, a activar mecanismos extraordinarios de coordinación.
Los incendios también han afectado a viviendas, infraestructuras y actividades económicas, especialmente en localidades próximas a grandes extensiones forestales.
Según Greenpeace, esta situación demuestra que la prevención debe prestar mayor atención a las zonas donde las urbanizaciones y los núcleos habitados limitan directamente con montes y áreas de vegetación.
El cambio climático agrava los incendios extremos
El incremento de las temperaturas, los periodos prolongados de sequía y las olas de calor favorecen condiciones en las que un incendio puede propagarse rápidamente.
Greenpeace señala que el cambio climático está aumentando la probabilidad de episodios meteorológicos especialmente favorables a los grandes incendios.
Sin embargo, el clima no es el único factor que influye en su gravedad.
La acumulación de vegetación seca, el abandono de determinados espacios rurales y la falta de gestión forestal también pueden facilitar que un fuego alcance dimensiones extremas.
El informe recuerda que los factores meteorológicos, la topografía y la disponibilidad de combustible vegetal determinan en gran medida la velocidad de propagación de las llamas.
La organización insiste en que combatir estos riesgos requiere actuaciones continuadas durante todo el año y no únicamente durante los meses de mayor peligro.
El daño ambiental continúa después de apagar las llamas
Los efectos de un gran incendio pueden prolongarse durante meses o años.
Cuando desaparece la cubierta vegetal, el terreno queda más expuesto a la erosión y al arrastre de sedimentos durante los episodios de lluvia.
Estos materiales pueden llegar a ríos, embalses y sistemas de abastecimiento, deteriorando la calidad del agua.
En Burgohondo, Ávila, Greenpeace ha documentado problemas asociados al arrastre de cenizas y lodos tras el incendio.
La organización reclama medidas para estabilizar los suelos afectados, proteger los recursos hídricos y reducir el riesgo de erosión.
Entre las actuaciones propuestas figuran la instalación de pequeños diques, el empleo de materiales vegetales para proteger el terreno y una gestión selectiva de la madera quemada.
Greenpeace reclama invertir más en prevención
La organización ecologista considera que el modelo de lucha contra los incendios continúa demasiado centrado en la extinción y necesita reforzar las actuaciones preventivas.
Según sus estimaciones, los costes de extinción de los incendios de 2026 podrían situarse entre 2.794 y 5.309 millones de euros.
Se trata de una estimación basada en costes de referencia por hectárea afectada, no de una liquidación oficial del gasto público.
Greenpeace propone aumentar la inversión en gestión forestal, mejorar la coordinación entre administraciones y reforzar los planes de autoprotección en municipios especialmente vulnerables.
También pide impulsar políticas que contribuyan a mantener la actividad en el medio rural y reducir la acumulación de combustible vegetal en las zonas de mayor riesgo.
Aunque casi dos tercios de los siniestros forestales registrados en 2026 quedaron controlados antes de superar una hectárea, los incendios que consiguieron propagarse provocaron daños extraordinarios.
El balance de este año muestra que el principal desafío ya no consiste únicamente en reducir el número de incendios, sino en evitar que unos pocos se transformen en emergencias de enorme magnitud. Con casi 280.000 hectáreas afectadas y 21 vidas perdidas, la prevención forestal vuelve a situarse como una cuestión esencial para proteger tanto los ecosistemas como a las poblaciones que viven cerca de ellos.
