Qué es la economía feminista y en qué se diferencia de la economía convencional

Economía feminista

La economía feminista es una corriente de análisis económico que pone en el centro algo que la economía convencional ha tratado muchas veces como secundario: los cuidados, el trabajo no remunerado, la desigualdad de género y las condiciones reales que hacen posible la vida cotidiana.

No se limita a estudiar la brecha salarial entre hombres y mujeres. Su pregunta de fondo es más amplia: cómo funciona una economía si solo cuenta lo que pasa en el mercado, pero deja fuera millones de horas dedicadas a criar, limpiar, cocinar, cuidar mayores, acompañar enfermos o sostener hogares.

Contenido

Qué es la economía feminista

La economía feminista estudia cómo se producen, distribuyen y sostienen los recursos necesarios para vivir, incorporando el género como una variable central.

Su punto de partida es claro: una parte enorme del bienestar no se genera solo en empresas, salarios, inversiones o mercados. También se produce en hogares, comunidades, redes familiares, servicios públicos y trabajos de cuidados.

Por eso analiza:

  • Trabajo doméstico no remunerado.
  • Cuidados de niños, mayores y personas dependientes.
  • Brecha salarial y brecha de pensiones.
  • Empleo parcial involuntario.
  • Segregación laboral por sexo.
  • Pobreza femenina.
  • Uso del tiempo.
  • Dependencia económica.
  • Políticas públicas de conciliación.
  • Impacto desigual de crisis, recortes o inflación.
  • Valor económico de actividades que no aparecen en el PIB.

La economía feminista no dice que la economía convencional sea inútil. Dice que está incompleta si ignora quién cuida, quién cobra, quién decide, quién tiene tiempo y quién paga los costes invisibles del sistema.

Economía feminista en una frase

La economía feminista analiza la economía preguntando no solo cuánto se produce, sino quién sostiene la vida, en qué condiciones y con qué reconocimiento económico y social.

Diferencia rápida entre economía feminista y economía convencional

AspectoEconomía convencionalEconomía feminista
Centro del análisisMercado, precios, empleo, producción, crecimientoVida cotidiana, cuidados, desigualdad, sostenibilidad social
Trabajo que cuentaPrincipalmente el remuneradoRemunerado y no remunerado
Medida estrellaPIB, productividad, renta, empleoBienestar, tiempo, cuidados, autonomía, equidad
Sujeto económico típicoIndividuo racional que decide en el mercadoPersonas interdependientes, con necesidades y responsabilidades
Familia y hogarUnidad privada o de consumoEspacio económico donde se produce bienestar
CuidadosCoste, responsabilidad privada o sector asistencialInfraestructura básica de la economía
DesigualdadResultado corregible con políticasRasgo estructural que debe incorporarse al análisis
ObjetivoEficiencia, crecimiento, asignación de recursosSostener la vida con justicia y recursos suficientes

La diferencia principal no está en usar o no números. La economía feminista también usa datos, modelos, encuestas y estadísticas. La diferencia está en qué preguntas hace y qué decide contar como economía.

Por qué surge la economía feminista

La economía feminista surge como respuesta a una ausencia: durante mucho tiempo, buena parte del análisis económico trató el hogar como un espacio privado, casi natural, donde simplemente “se cuidaba”.

Pero cuidar no ocurre por arte de magia. Requiere tiempo, energía, conocimiento, disponibilidad y renuncias. Si una persona deja de trabajar a jornada completa para cuidar a un familiar, eso afecta a su salario, su carrera, su pensión y su independencia económica.

La economía feminista aparece para decir que esa decisión no es solo familiar o emocional. También es económica.

El gran punto ciego: los cuidados

Los cuidados son el corazón de la economía feminista. Cuidar significa atender necesidades físicas, emocionales y cotidianas de otras personas: alimentar, limpiar, acompañar, educar, curar, sostener, organizar citas, recordar medicación, preparar ropa, escuchar, vigilar y estar disponible.

Una parte se paga: residencias, escuelas infantiles, limpieza, ayuda a domicilio, enfermería, educación infantil. Otra parte se hace gratis dentro de los hogares.

La economía convencional suele ver mejor la primera porque hay salario y factura. La economía feminista insiste en mirar también la segunda, porque sin ella el sistema no funciona.

Trabajo remunerado y trabajo no remunerado

Tipo de trabajoEjemplo¿Suele aparecer en el PIB?Quién lo realiza mayoritariamente
Trabajo remuneradoEmpleo en una empresa, administración o autónomoHombres y mujeres, con diferencias por sectores
Trabajo doméstico no remuneradoCocinar, limpiar, lavar, organizar la casaNoMayoritariamente mujeres
Cuidados no remuneradosCuidar hijos, mayores o dependientesNoMayoritariamente mujeres
Trabajo comunitarioRedes vecinales, apoyo informal, voluntariadoNormalmente noMujeres y hombres, con desigual reparto
Trabajo emocionalSostener relaciones, recordar tareas, mediar conflictosNoDifícil de medir, muy feminizado

Esta tabla explica una de las críticas más fuertes de la economía feminista: lo que no se paga no desaparece. Solo desaparece de muchas estadísticas económicas.

Qué diferencia hay entre empleo y trabajo

La economía convencional suele usar “trabajo” y “empleo” casi como sinónimos. La economía feminista separa ambos conceptos.

  • Empleo: actividad remunerada dentro del mercado laboral.
  • Trabajo: toda actividad necesaria para producir bienes, servicios o bienestar, aunque no se pague.

Esta distinción cambia la mirada. Una persona desempleada puede estar trabajando muchas horas si cuida a una madre dependiente, cría a dos hijos o sostiene una casa. No tendrá salario, pero está generando bienestar y evitando costes a otras personas, empresas o administraciones.

Por qué el PIB no cuenta toda la economía

El PIB mide el valor monetario de los bienes y servicios producidos en una economía durante un periodo. Es una herramienta útil, pero limitada.

No mide bien:

  • Trabajo doméstico no pagado.
  • Cuidados familiares.
  • Tiempo disponible.
  • Calidad de vida.
  • Agotamiento.
  • Desigualdad dentro del hogar.
  • Daños ambientales.
  • Redes comunitarias.
  • Bienestar emocional.
  • Autonomía económica.

Ejemplo sencillo: si una familia cuida a una persona mayor en casa sin cobrar, ese trabajo no aparece como producción económica. Si contrata a una empresa para hacer esa misma tarea, sí aparece en la economía monetaria.

La necesidad es la misma. El cuidado es real en ambos casos. Lo que cambia es si pasa o no por el mercado.

Ejemplo práctico: una comida en casa

Imagina dos situaciones.

SituaciónQué ocurreCómo lo ve la economía convencional
Una persona cocina gratis para su familiaHay tiempo, trabajo y valor de usoNo suele contar como producción
Una persona paga a un restauranteHay factura y actividad empresarialSí cuenta como producción

La economía feminista no dice que ambas situaciones sean idénticas. Dice que la primera también sostiene la vida y tiene valor económico, aunque no tenga precio de mercado.

Cómo afecta a las mujeres

La economía feminista muestra que las desigualdades laborales no empiezan en la empresa. Muchas empiezan antes, en el reparto del tiempo.

Si una mujer dedica más horas a cuidados no remunerados, puede tener:

  • Menos disponibilidad para empleo remunerado.
  • Más probabilidad de jornada parcial.
  • Interrupciones de carrera.
  • Menos ascensos.
  • Menor salario acumulado.
  • Menor cotización.
  • Pensión más baja.
  • Más dependencia económica.
  • Más pobreza en vejez.
  • Más carga mental.

La brecha salarial no se entiende solo mirando nóminas. También hay que mirar quién falta al trabajo cuando enferma un hijo, quién reduce jornada, quién rechaza un ascenso por incompatibilidad horaria y quién sostiene la casa cuando el mercado exige disponibilidad total.

Qué es la carga mental

La carga mental es el trabajo invisible de planificar, recordar, anticipar y coordinar la vida cotidiana.

No es solo hacer la compra. Es saber qué falta, cuándo caduca, qué come cada persona, qué día hay pediatra, cuándo toca tutoría, qué medicamento se termina, quién necesita zapatillas nuevas y qué familiar está pendiente de una llamada.

La carga mental importa porque ocupa atención incluso cuando no se está realizando una tarea física. Consume tiempo, energía y capacidad de concentración.

Economía convencional: qué estudia y qué límites tiene

La economía convencional estudia cómo se asignan recursos escasos entre usos alternativos. Analiza mercados, precios, empleo, salarios, inflación, productividad, inversión, consumo, comercio, impuestos y crecimiento.

Sus herramientas son muy valiosas para entender muchas decisiones. El problema aparece cuando se toma el mercado como centro casi exclusivo de la vida económica.

Sus límites más discutidos desde la economía feminista son:

  • Tiende a valorar más lo que tiene precio.
  • Puede tratar el hogar como una caja cerrada.
  • Suele subestimar el trabajo no remunerado.
  • A veces presupone individuos autónomos, sin dependencias.
  • Mide crecimiento sin medir quién soporta los costes.
  • No siempre incorpora desigualdad de poder dentro de hogares y empresas.
  • Puede hablar de eficiencia sin preguntar eficiencia para quién.

Diferencias clave con ejemplos

PreguntaEconomía convencionalEconomía feminista
¿Por qué una mujer trabaja a tiempo parcial?Preferencia individual o ajuste de mercadoPuede haber falta de cuidados públicos, desigual reparto familiar o penalización laboral
¿Qué pasa si se recorta gasto en dependencia?Ahorro público a corto plazoTraslado de cuidados a hogares, normalmente mujeres
¿Cómo se mide el bienestar?Renta, consumo, empleoTambién tiempo, autonomía, salud, cuidados y seguridad
¿Qué es productividad?Producción por hora trabajadaDebe considerar trabajos invisibles que sostienen esa producción
¿Qué es una crisis económica?Caída de PIB, empleo o inversiónTambién crisis de cuidados, sobrecarga familiar y pérdida de redes
¿Quién es el sujeto económico?Individuo que decidePersona situada en relaciones de dependencia, género, clase y edad

Ejemplo real: trabajar menos para cuidar

Una mujer reduce jornada para cuidar a su padre dependiente. Su salario baja, cotiza menos y pierde opciones de promoción. El Estado ahorra parte del coste que supondría una atención pública suficiente. La familia mantiene el cuidado. La empresa conserva cierta disponibilidad de la trabajadora, aunque reducida.

La economía convencional puede registrar una bajada de horas trabajadas y salario. La economía feminista mira también el traslado de coste: del sistema público y del mercado hacia una persona concreta.

Ejemplo real: una escuela infantil pública

Una plaza pública de escuela infantil no es solo una política educativa. También es una política económica.

Puede permitir que madres y padres trabajen, estudien, busquen empleo o mantengan jornada completa. Reduce la penalización laboral asociada a la crianza y reparte socialmente una parte del cuidado.

Desde la economía feminista, invertir en cuidados no es gasto pasivo. Es infraestructura social.

Ejemplo real: dependencia y envejecimiento

El envejecimiento de la población aumenta la necesidad de cuidados de larga duración. Si no hay servicios públicos suficientes, esos cuidados recaen sobre familias.

Y dentro de las familias, suelen recaer más sobre mujeres.

Esto afecta a empleo, salud mental, pobreza, pensiones y disponibilidad de tiempo. La economía feminista permite ver que una crisis de cuidados puede existir aunque el PIB crezca.

Qué mide la economía feminista

IndicadorQué permite ver
Horas de trabajo no remuneradoReparto real del tiempo
Brecha salarialDiferencias de ingresos laborales
Brecha de pensionesEfecto acumulado de trayectorias desiguales
Jornada parcial por cuidadosCoste laboral de cuidar
Uso del tiempoQuién trabaja, cuida, descansa y se forma
Pobreza por sexo y edadRiesgo económico diferenciado
Acceso a servicios de cuidadoCapacidad de conciliar sin penalización
Segregación laboralConcentración de mujeres y hombres por sectores
Permisos parentalesReparto inicial de cuidados
Violencia económicaControl del dinero y dependencia

La economía feminista no se basa solo en discursos. Necesita datos que muestren lo que antes quedaba fuera de cuadro.

Qué es la economía de los cuidados

La economía de los cuidados estudia todas las actividades necesarias para sostener la vida diaria: cuidar personas, mantener hogares, alimentar, limpiar, acompañar, educar y atender dependencias.

Incluye tres grandes espacios:

EspacioEjemplo
HogarCuidado de hijos, mayores, tareas domésticas
MercadoEmpleadas del hogar, residencias, escuelas infantiles
EstadoSanidad, educación, dependencia, servicios sociales
ComunidadRedes vecinales, apoyo familiar, asociaciones

La pregunta no es si habrá cuidados. Siempre los habrá. La pregunta es quién los hará, con qué recursos, bajo qué derechos y a costa de qué renuncias.

Economía feminista y empleo

La economía feminista analiza el mercado laboral mirando factores que muchas veces quedan fuera del análisis clásico.

Segregación horizontal

Mujeres y hombres se concentran en sectores distintos. Las mujeres tienen más presencia en educación, sanidad, cuidados, comercio o limpieza. Los hombres, en industria, construcción, tecnología o transporte.

Esto influye en salarios, estabilidad y reconocimiento.

Segregación vertical

Incluso en sectores feminizados, los puestos de dirección suelen estar más masculinizados. Es el llamado techo de cristal.

Suelo pegajoso

Muchas mujeres quedan atrapadas en empleos peor pagados, parciales, temporales o con poca promoción.

Penalización por maternidad

La llegada de hijos puede afectar más a la carrera laboral de las mujeres que a la de los hombres, especialmente cuando los cuidados no se reparten de forma equilibrada.

Economía feminista y pobreza

La economía feminista también estudia por qué la pobreza no afecta igual a todas las personas.

Factores relevantes:

  • Hogares monomarentales.
  • Menores salarios.
  • Menor cotización.
  • Mayor parcialidad.
  • Interrupciones laborales.
  • Violencia económica.
  • Brecha de pensiones.
  • Dependencia de prestaciones.
  • Mayor carga de cuidados no remunerados.

La pobreza no se mide solo por renta individual. También importa quién controla el dinero dentro del hogar y quién tiene capacidad real de salir de una relación, rechazar un empleo abusivo o pagar una vivienda.

Economía feminista y políticas públicas

La economía feminista propone mirar los presupuestos públicos preguntando a quién benefician y a quién cargan costes.

Ejemplos de políticas analizadas desde este enfoque:

PolíticaLectura desde economía feminista
Escuelas infantilesFacilitan empleo, educación y corresponsabilidad
DependenciaEvita que el cuidado recaiga solo en familias
Permisos parentales iguales e intransferiblesFavorecen reparto inicial de cuidados
Jornada laboral racionalReduce conflicto entre empleo y vida
Salario mínimoAfecta mucho a sectores feminizados de bajos salarios
Inspección laboralProtege empleos precarios y de cuidados
Presupuestos con enfoque de géneroMiden impactos diferentes de ingresos y gastos
Servicios públicosRedistribuyen cuidados y reducen dependencia familiar

Este enfoque no pide “políticas para mujeres” en sentido estrecho. Pide analizar cómo cada política reparte tiempo, dinero, poder y cuidados.

Presupuestos con enfoque de género

Un presupuesto con enfoque de género no significa hacer un presupuesto separado para mujeres. Significa evaluar si el gasto y los ingresos públicos tienen efectos distintos sobre mujeres y hombres.

Ejemplo:

  • Recortar transporte público puede afectar más a quienes tienen menos acceso a coche privado.
  • Reducir dependencia puede aumentar cuidados familiares no pagados.
  • Subir tasas en escuelas infantiles puede expulsar a algunas madres del empleo.
  • Invertir en atención primaria puede aliviar cargas de cuidado.
  • Mejorar horarios escolares puede facilitar empleo y conciliación.

La economía feminista mira el presupuesto como una herramienta que reparte oportunidades.

Qué aporta a las empresas

La economía feminista también interpela a empresas y organizaciones.

No se trata solo de tener planes de igualdad formales. Se trata de revisar cómo se organizan horarios, promociones, disponibilidad, teletrabajo, permisos, salarios y cuidados.

Práctica empresarialImpacto
Horarios imprevisiblesPenalizan a quien cuida
Reuniones fuera de jornadaFavorecen disponibilidad total
Promoción basada en presencialismoCastiga conciliación
Brecha salarial no auditadaOculta desigualdades
Permisos mal vistosRefuerzan roles tradicionales
Flexibilidad realMejora corresponsabilidad
Transparencia salarialReduce desigualdad oculta

Una empresa puede decir que valora el talento y, al mismo tiempo, organizarse como si nadie tuviera hijos, mayores, enfermedades o vida fuera del trabajo.

Críticas habituales a la economía feminista

“Eso no es economía, es sociología”

La economía estudia recursos, trabajo, bienestar y distribución. Los cuidados usan tiempo, generan valor y condicionan empleo, renta y gasto público. Por tanto, son economía.

“El trabajo doméstico no tiene precio porque se hace por amor”

Que algo se haga por amor no significa que no tenga valor económico. Cuidar a un hijo o a una persona enferma puede hacerse con afecto, pero requiere horas reales y sustituye servicios que, si se contrataran, tendrían coste.

“Las mujeres eligen libremente cuidar más”

Las elecciones existen, pero no se toman en el vacío. Influyen salarios, permisos, horarios, expectativas sociales, falta de servicios, cultura empresarial y presión familiar.

“La economía feminista va contra los hombres”

No. Critica un reparto desigual que también perjudica a muchos hombres al imponerles el papel de proveedores permanentes y limitar su derecho a cuidar.

“Solo habla de mujeres”

Habla de género, cuidados, poder, clase, edad, migración y desigualdad. Las mujeres aparecen en el centro porque soportan mayor carga, pero el análisis afecta a toda la sociedad.

Qué propone la economía feminista

No hay una única receta, pero sí varias líneas comunes.

PropuestaQué busca
Reconocer el trabajo no remuneradoMedirlo y visibilizarlo
Redistribuir cuidadosRepartir entre hombres, mujeres, Estado, empresas y comunidad
Reducir brechas laboralesSalario, promoción, parcialidad y pensiones
Fortalecer servicios públicosEducación, sanidad, dependencia, cuidados
Cambiar horarios laboralesHacer compatible empleo y vida
Valorar empleos de cuidadosMejorar salarios y condiciones
Medir bienestar más allá del PIBIncorporar tiempo, salud y autonomía
Diseñar políticas con datos de géneroEvitar impactos ocultos

Reconocer, reducir y redistribuir cuidados son tres verbos centrales. Reconocer que existen. Reducir cargas innecesarias. Redistribuirlas de forma más justa.

Diferencia entre igualdad formal e igualdad real

La igualdad formal dice que hombres y mujeres tienen los mismos derechos ante la ley. La igualdad real pregunta si pueden ejercerlos en condiciones parecidas.

Ejemplo: una empresa ofrece ascensos a toda la plantilla. Formalmente, todos pueden optar. Pero si el ascenso exige disponibilidad total, viajes constantes y reuniones a última hora, quienes cargan más cuidados quedan en desventaja.

La economía feminista ayuda a detectar esas desigualdades escondidas en reglas aparentemente neutrales.

Por qué importa en 2026

La economía feminista importa especialmente por cuatro razones.

Envejecimiento

Cada vez hay más personas mayores que necesitan atención. Sin un sistema de cuidados fuerte, el coste caerá sobre familias.

Salud mental y agotamiento

La doble jornada —empleo remunerado más cuidados— genera cansancio, estrés y falta de tiempo propio.

Brecha de pensiones

Las carreras laborales interrumpidas o parciales se traducen en pensiones más bajas.

Crisis de cuidados

Muchas familias ya no tienen disponibilidad para cuidar como antes, pero los servicios públicos y privados no siempre cubren la necesidad. Ese desajuste es una crisis económica, no solo familiar.

Ejemplo de cálculo: cuánto valdría cuidar

Imagina una persona que cuida a un familiar 25 horas a la semana sin cobrar.

Si ese tiempo se valorara a 10 euros por hora, el cálculo sería:

CálculoResultado
25 horas semanales × 10 €250 € semanales
250 € × 4 semanas1.000 € mensuales
1.000 € × 12 meses12.000 € anuales

Ese dinero no aparece como salario ni como PIB doméstico, pero el trabajo existe. Si desapareciera, alguien tendría que hacerlo: otra persona de la familia, una empleada, una residencia, un servicio público o una empresa.

Economía feminista y hombres

La economía feminista también cambia el lugar de los hombres. Les permite dejar de ser vistos solo como proveedores y les reconoce como cuidadores.

Eso implica:

  • Permisos de paternidad reales.
  • Horarios compatibles con cuidado.
  • Derecho a reducir jornada sin penalización cultural.
  • Participación en crianza.
  • Corresponsabilidad doméstica.
  • Menos presión por disponibilidad laboral absoluta.

Una economía que reparte cuidados no solo libera tiempo para las mujeres. También amplía la vida de los hombres.

Economía feminista y migración

Buena parte del trabajo de cuidados remunerado lo realizan mujeres migrantes. Limpieza, hogar, dependencia, residencias y cuidados internos son sectores donde se cruzan género, origen, clase social y derechos laborales.

Esto plantea una pregunta incómoda: algunas mujeres pueden incorporarse mejor al empleo remunerado porque otras mujeres, muchas veces con menos derechos y salarios bajos, asumen cuidados.

La economía feminista no se conforma con trasladar el problema. Pregunta quién cuida a las cuidadoras.

Economía feminista y medio ambiente

Muchas autoras vinculan economía feminista y sostenibilidad porque ambas cuestionan la idea de crecimiento ilimitado.

Una economía que ignora los límites del cuerpo termina agotando a quienes cuidan. Una economía que ignora los límites del planeta termina agotando los recursos naturales.

La conexión es clara: no basta con producir más si se destruyen las bases que hacen posible vivir.

Tabla final: economía feminista frente a economía convencional

TemaEconomía convencionalEconomía feminista
TrabajoEmpleo remuneradoTodo trabajo necesario para sostener la vida
HogarConsumo privadoEspacio de producción de bienestar
CuidadosResponsabilidad familiar o costeInfraestructura social
TiempoFactor productivoRecurso vital desigualmente repartido
PIBIndicador centralIndicador útil pero incompleto
MercadoCentro de la economíaUna parte de la economía
DesigualdadResultado a corregirPunto de partida del análisis
Políticas públicasEficiencia y crecimientoVida, equidad, cuidados y sostenibilidad
EmpresaProductividad y beneficiosOrganización del tiempo, salarios y poder
BienestarRenta y consumoAutonomía, salud, tiempo, cuidados y seguridad

Preguntas frecuentes

¿Qué es la economía feminista?

Es una corriente económica que analiza producción, empleo, cuidados, desigualdad y bienestar incorporando el género y el trabajo no remunerado al centro del análisis.

¿En qué se diferencia de la economía convencional?

La economía convencional suele centrarse en mercados, precios, empleo y crecimiento. La economía feminista añade cuidados, tiempo, hogares, desigualdad y sostenibilidad de la vida.

¿La economía feminista rechaza el mercado?

No. Critica que el mercado sea tratado como si fuera toda la economía. El mercado importa, pero depende de trabajos y cuidados que muchas veces no se pagan.

¿Por qué habla tanto de cuidados?

Porque sin cuidados no hay trabajadores, consumidores, empresas ni sociedad. Cuidar sostiene la economía, aunque no siempre se reconozca ni se remunere.

¿El trabajo doméstico debería pagarse?

Hay debate. Algunas propuestas defienden remunerarlo; otras priorizan servicios públicos, corresponsabilidad y derechos laborales. Lo común es reconocer que tiene valor económico y no debe darse por supuesto.

¿Qué es la brecha de cuidados?

Es la diferencia en tiempo y responsabilidad que mujeres y hombres dedican a tareas domésticas y cuidados no remunerados.

¿Qué relación tiene con la brecha salarial?

La carga desigual de cuidados reduce horas disponibles, continuidad laboral, promoción y salarios. Por eso la brecha salarial no se explica solo dentro de la empresa.

¿La economía feminista solo beneficia a mujeres?

No. Una economía que reparte cuidados, mejora horarios y reconoce dependencia beneficia a niños, mayores, hombres, personas cuidadoras, trabajadores y comunidades.

¿Qué políticas defiende?

Servicios públicos de cuidado, permisos igualitarios, horarios racionales, mejores condiciones en sectores feminizados, presupuestos con enfoque de género y medición del trabajo no remunerado.

¿Por qué importa para una persona que no estudia economía?

Porque afecta a su salario, su tiempo, su pensión, su familia, su salud mental y su capacidad de cuidar o ser cuidada sin perder autonomía.

Qué debe quedarse el lector

La economía feminista cambia la pregunta económica principal. No se conforma con saber cuánto crece un país, cuánto produce una empresa o cuántas personas tienen empleo. Pregunta si la vida que sostiene esas cifras es viable, quién la cuida y quién paga el coste cuando el cuidado se vuelve invisible.

Una economía puede parecer fuerte en los indicadores y estar agotando a quienes la mantienen en pie. Mirar los cuidados, el tiempo y la desigualdad no estrecha la economía: la hace más real.

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